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Oficina del Plan General de Bilbao

Retos en la Revisión del Plan General de Ordenación Urbana de Bilbao

Fecha: 26.01.2009
Retos en la Revisión del Plan General de Ordenación Urbana de Bilbao

El Urbanismo es una disciplina del saber que se ha visto sometida a innumerables cambios en estos últimos tiempos. Sólo por poner un ejemplo, una de sus máximas expresiones, el documento del Plan General de Ordenación Urbana de Bilbao, se ha de plantear hoy retos que ni siquiera eran intuidos por el anterior Plan.

Aquel Plan General de Ordenación Urbana tenía claro que, tras un proceso acelerado y traumático de desindustrialización, el reto urbanístico consistía en convertir a Bilbao en una “ciudad de servicios” fomentando la terciarización de su economía urbana. Así, aprovechando aquellos espacios que pudieron ser liberados debido a la reinstalación de sistemas de infraestructuras insertos en zonas céntricas de la ciudad surgieron áreas de oportunidad que han supuesto el desarrollo de Bilbao en estos últimos años - así, los planes urbanísticos de AMEZOLA, ABANDOIBARRA y el más reciente GARELLANO -. No podemos olvidar tampoco la oportunidad que supuso la adaptación de la capacidad de servicio de estas infraestructuras de transporte a la nueva estructura urbana que se generó. Ello trajo como consecuencia un nuevo y exitoso sistema metropolitano de movilidad de personas - METRO BILBAO - facilitando al mismo tiempo el soterramiento del sistema ferroviario antiguo en su discurrir por la ciudad, eliminando de este modo las barreras urbanísticas que provocaban.

La superficie de terreno, mayoritariamente de titularidad pública, liberada por estas transformaciones hizo posible la recuperación de los márgenes de la Ría de Bilbao y la posibilidad de apuesta por proyectos estratégicos tractores de carácter emblemático, como imagen de marca de la ciudad, entre los que es de obligada cita la construcción del Museo GUGGENHEIM BILBAO a mitad de la década de los noventa. La estrategia consistía entonces en concebir la cultura como un proyecto de ciudad considerado en sí mismo. Entidades como Bilbao Metrópoli 30 - elaborando la reflexión estratégica - y la sociedad de capital público Bilbao Ría 2000 – actuando como entidad delegada para la gestión de las obras, constituyendo el máximo y mejor exponente de la concertación entre las instituciones públicas implicadas - adquirieron, aunque no exclusivamente, un papel protagonista en aquel proceso.

De hecho, aquella apuesta por la regeneración urbanística ya había sido comenzada en la década anterior sobre tejidos urbanos de carácter histórico pero que, a su vez, mostraban importantes síntomas de degradación. El detonante de todo aquel proceso fueron las inundaciones del Casco Viejo que dieron paso a una dinámica integral de rehabilitación y regeneración que fue liderado por la empresa municipal SURBISA. A aquella dinámica regeneradora se fueron sumando, con convenios de colaboración interinstitucional, entidades como el Gobierno Vasco para el desarrollo del PERRI en la área de Bilbao La Vieja y otras entidades públicas reunidas en torno al Plan y a la Mesa para la Rehabilitación del barrio que abordaron aquella transformación desde una perspectiva física pero también socio-económica y que, todavía hoy, sigue en marcha.

Desde esta doble perspectiva, tanto de apuesta por la regeneración de tejidos urbanos históricos degradados como de aprovechamiento de los nuevos suelos de oportunidad, Bilbao se sometió a un profundo proceso de “revolución urbana” que, partiendo de la transformación de su entorno físico, terminó por alcanzar al imaginario colectivo de su propia ciudadanía, que tuvo la oportunidad de reafirmar en aquel momento el orgullo de pertenencia a una ciudad renovada sobre la base de recuperar el que siempre había sido su eje vertebrador, la Ría.

No obstante, no todo han sido luces en este proceso. Los parámetros de partida sobre los que descansa esta forma de regeneración urbana no necesariamente se adaptan a las necesidades que debe afrontar la ciudad de Bilbao en el futuro. Así por ejemplo, la industria cultural agota su capacidad de desarrollo y necesita ser reemplazada por otro motor económico, son pocos los suelos disponibles con buena localización, se precisa una mayor apuesta institucional por la regeneración de tejidos urbanos consolidados que, a su vez, encierran importantes retos socio-urbanísticos, los barrios de carácter periférico se sienten excluidos de la mejora en su calidad de vida al haberse centrado la transformación urbanística más visible en las zonas céntricas, la omnipresencia de las instituciones públicas corre el riesgo de ahogar la voz de la ciudadanía, etc.

Efectivamente, a todos estas cuestiones que son heredadas de procesos anteriores se suman ahora los retos que la propia realidad económica global de crisis y las modernas dinámicas sociales frecuentes en las grandes urbes plantean, retos que el Urbanismo y su planificación deben tener muy en cuenta. Así, sólo por poner algunos ejemplos, el envejecimiento de la población, el fenómeno de la inmigración, las nuevas formas de pobreza y de exclusión social, la nueva manera de entender la cuestión ambiental (emisiones de ruido, emisiones de CO2, la importancia del paisaje, etc.), los retos del nuevo urbanismo comercial, la necesidad de integración de los barrios que componen su territorio etc.

Desde la consideración del fenómeno de la globalización económica, existe bastante unanimidad entre los urbanistas que factores como la innovación, la tecnología y el talento de las personas constituyen elementos de dinamismo y desarrollo del futuro de las metrópolis del llamado primer mundo. Bilbao, en ese sentido, no es una excepción y la ciudad ya ha explicitado en diferentes reflexiones y foros que desea transitar en el futuro hacia otra revolución – una vez pasadas la industrial y la urbana -, la “revolución del conocimiento” (extraído de la presentación del modelo de desarrollo de Bilbao en la EXPO SHANGAI 2010).

No obstante, la innovación y el talento de las personas sólo constituyen “el motor” del desarrollo que queremos para Bilbao. Pero, como todo el mundo ya sabe, para circular el motor no es suficiente sino que además hace falta disponer de un coche completo. Y es que, hoy por hoy, todos los desarrollos de las ciudades hay que plantearlos desde una visión multidisciplinar, captando las diferentes visiones y prismas siendo a la vez conscientes y responsables de los impactos que las actuaciones proyectadas generan en el entorno urbano en su conjunto. Por lo tanto, buscamos otra forma de planificar nuestra ciudad. Nuestro objetivo no es disponer de un Plan General perfecto, esto es, que se limite a proyectar sobre la ciudad una pura modelización de todos los requerimientos y las características de las llamadas “sociedades del conocimiento”.

Es por ello que nos apoyamos en el concepto del “(re) conocimiento”. Este término nos habla del “conocimiento” pero asumiendo acto seguido que el mismo debe construirse:

  1. desde el reconocimiento de los valores que ya incorpora la ciudad,
  2. conscientes de la responsabilidad de que la ciudad reconozca lo diferente, la otredad, asumiendo la pluralidad,
  3. desde el reconocimiento, entendido como asunción, de nuestros problemas y nuestros retos,
  4. constatando que Bilbao debe ser una ciudad permanentemente re-conocida, al estar inserta en una dinámica de regeneración permanente y,
  5. desde el sentimiento de orgullo y satisfacción de que nuestra ciudad sea y siga siendo conocida y reconocida en el exterior, internacionalmente.

Todos los postulados ya nos anuncian la importancia que en el proceso de planificación urbanística de la ciudad adquirirán conceptos como el patrimonio natural y construido, la rehabilitación y la regeneración urbana, las dinámicas de integración de los barrios periféricos, el reto del fomento de la convivencia entre diferentes, la necesidad de fomento de la participación ciudadana en el diseño de la ciudad y de sus barrios, la mejora en el sistema de movilidad interna y metropolitana, el reto de la sostenibilidad ambiental y la eco-eficiencia, la planificación para la generación de las infraestructuras precisas para la generación del conocimiento, la necesidad de instrumentos de gestión novedosos en el fomento del partenariado público-privado, etc.

Quizás una “nueva forma de planificación urbana” que tenga que considerar todo lo enunciado sea un reto inabarcable. Pero nadie negará que, por inexplorado, resulta un reto sumamente atrayente donde sólo hacer el camino es ya un logro.

Oficina del Plan General de Bilbao

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