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Enrique Antolín, José Manuel Fernández, Eneko Lorente

PARTICIPAR ¿PARA QUÉ?:

Fecha: 25.06.2010
PARTICIPAR ¿PARA QUÉ?:

Una de las cuestiones que sorprende a la hora de analizar las transformaciones urbanas acaecidas en la última década en gran parte de las ciudades españolas es la ausencia de "grandes" conflictos ciudadanos que pongan en cuestión los modelos y estrategias desarrolladas, y la villa de Bilbao no es una excepción. La respuestas hay que buscarlas en la situación de "crisis total" (económica, urbana, etc.), detonante de los procesos de renovación urbana, pero también en los mecanismos de cohesión social desarrollados por las administraciones públicas en los últimos años que han contribuido a desactivar las tensiones generadas en el proceso de regeneración y transformación de las ciudades.

Por un lado, el papel asignado por la administración a los actores sociales que interactúan y habitan en el marco urbano se ha transformado en los últimos años. Estos cambios están relacionados con los marcos teóricos o reflexiones sobre la "nueva" ciudad transformada que consideran a los ciudadanos no como "sujetos políticos" que tienen el "derecho a la-su ciudad", sino como "clientes" a los que hay que resolver sus necesidades inmediatas y evaluadas a través de encuestas de satisfacción.

En la década de los ochenta, las teorías urbanas de Henry Lefebvre, Manuel Castells… revindicaban el papel del ciudadano (derecho a la ciudad) como protagonista y motor del cambio de la ciudad. Es el momento de los procesos de descentralización urbana, del desarrollo de los centros cívicos y del auge del movimiento vecinal. A medida que se desarrollan las administraciones locales los expertos-técnicos municipales disputan el protagonismo a los movimient os sociales urbanos. Así, en la década de los noventa se crean toda una serie de estructuras participativas: los consejos de distrito, consejos verdes (asociadas a las Agendas Locales 21), organismos sectoriales (consejo de transporte, ordenación del territorio…) etc. En el dos mil se comienza a reflexionar sobre "nuevas" (o viejas) formas de participación: democracia participativa, presupuestos participativos…. Tanto las viejas como las nuevas formas de participación conviven simultáneamente sobre el mismo espacio urbano dando lugar a organismos que, en ocasiones, se superponen y obstaculizan, cuando no compiten por llevarse el protagonismo de planes, proyectos etc.

La necesidad de una rápida transformación urbana y la incapacidad por parte de los políticos (concejales…) de ceder parte de su poder de decisión ha provocado que la mayoría de estos organismos de participación tengan una capacidad decisoria muy limitada e, incluso, testimonial.

El problema central es dilucidar qué se entiende por participación ciudadana que, frecuentemente, se confunde con informar, consultar, decidir. Así como existe una teoría sobre la representación normativa o formal perfectamente estructurada y legitimada (a nivel de representación parlamentaria o a nivel local), no hay una teoría de rango intermedio (desde la teoría política) que nos explique cómo se articula y legitima la participación de los actores sociales cuando éstos no han sido previamente elegidos por cauces formales (elección universal): ¿a quién representan?, ¿qué apoyos tienen? ¿cuáles son las bases de su legitimación?. En el fondo es una cuestión de "escala": para la intervenciones puntuales o pequeñas (donde colocamos los bancos o la pavimentación de una calle....) los Consejos de Distrito en Bilbao adquieren protagonismo, pero cuando se plantean los grandes temas (intervenciones urbanas sobre suelo localizado en zonas estratégicas de la ciudad o sobre importantes obras de infraestructuras), la administración no tiene una respuesta articulada, sobre todo si son fuertemente cuestionadas las intervenciones. En la práctica, los protagonistas de las reformas urbanas no necesitan de ningún órgano de representación porque ya tienen sus propios mecanismos para "participar" y funcionan como discretos pero poderosos grupos de presión.

 Por otro lado, se apela a viejos, aunque "resmasterizados", discursos identitarios: el "bilbainismo" "orgullo de Bilbao"... que bajo el principio de estar adscritos a una misma comunidad urbana, que contribuyen a legitimar el modelo, los mecanismos y los mega-proyectos de renovación urbana al convertir en intereses de todos los ciudadanos lo que no son mas que "negocios privados" .

Volvamos al inicio, ¿que es participar?:. Algunas realidades poco "ilusionantes":

-Los verdaderos agentes estructuradores de la ciudad (los propietarios del suelo, los agentes económicos o sociales relevantes…), no necesitan de los organismo formales de la participación, para transformarla.

-Existe una ambigüedad sobre lo que es o no es "participar", en parte porque no existe una teoría política-normativa que sustente su base de legitimación, lo cual genera una importante confusión en su aplicación.

-Se recurre a elementos como la "identidad", el "orgullo", el sentimiento de pertenencia… para enmascarar los intereses de determinados grupos políticos, empresariales, culturales.

El debate sobre la "participación" implica también el de la cohesión de la ciudad sobre todo en momentos de cambios rápidos y profundos. Desde esta perspectiva, tal vez no haya una única forma de participar sino múltiples, adecuadas al momento y al lugar aun a riesgo de incurrir en el relativismo. Si se toma este punto de partida la diferencia entre informar, consultar y decidir se diluye: tal vez no haya proyectos óptimos para todos los agentes implicados sino negociaciones satisfactorias entre las partes.

En este contexto en el que el proceso toma de decisiones es cada vez más rápido y tiene que realizarse al menor coste político y social (hay que crear un clima adecuado para la inversiones), las encuestas de opinión o de satisfacción del servicio, así como el recurso a técnicas agresivas y costosas de marketing urbano (el recurso a maquetas que nos presentan el escenario futuro, inauguraciones fastuosas o supuestas votaciones aleatorias para las tomas de decisiones, como, por ejemplo, los pisos de Bolueta) se constituyen en elementos claves de la intervención. Los debates sobre el modelo de ciudad son suplantados por una escenografía en la que el ciudadano se convierte en un cliente-consumidor de necesidades insatisfechas.

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